Abrís TikTok, lo cerrás. Abrís Instagram. Saltás de una aplicación a la siguiente, la abrís por un instante, quizá hasta ver tres o cuatro stories, abandonás. Te sentís peor que antes. Te suena?
Secuencia cotidiana hoy en día, nos pasa a la gran mayoría, varias veces al día.
Diversos tips y consejos circulan alrededor de esta problemática actual: desactivá las notificaciones, poné el celular en blanco y negro, desconectate del todo. Si fuese tan fácil como prometen, seguramente lo haríamos sin dudar.
A esto se lo conoce como fatiga de las redes sociales, y no tiene que ver con falta de voluntad.
Qué es la fatiga de redes sociales, en realidad
No es simplemente "usar mucho" el celular. Desde una mirada conductual contextual, la fatiga de las redes sociales aparece cuando scrollear deja de ser una elección y se convierte en una conducta rígida: se repite una y otra vez buscando el mismo alivio momentáneo, aunque a mediano plazo genere más malestar del que resuelve.
No es la pantalla en sí la que agota. Es sostener, una y otra vez, una conducta que en algún momento funcionó para algo puntual, pero que se volvió automática.
Esto se ve en escenas muy concretas, que probablemente reconozcas:
Agarrar el celular en medio de una tarea que te cuesta arrancar, y darte cuenta media hora después de que seguís ahí.
Scrollear en la fila del supermercado, en el semáforo, en cualquier espacio de silencio que antes tolerabas sin problema.
Revisar quién vio tu story, quién comentó, aunque sepas que eso no va a cambiar cómo te sentís.
Seguir mirando "por si me pierdo algo", aunque hace rato no aparezca nada nuevo.
Ninguna de estas escenas es un problema en sí misma. El problema aparece cuando se repiten de forma rígida, sin que puedas elegir hacer otra cosa, y sin poder contactar con los costos que estas conductas tienen para vos y para la vida que querés vivir.
El error de pensar que es falta de voluntad
Frente a esto, una respuesta natural de nuestra parte suele ser "necesito más disciplina" o "tengo que tener más fuerza de voluntad". Esta, desde luego es una explicación tentadora, ya que pone el foco del control en un solo lugar: en vos mismo|a.
El problema es que esta lógica no suele ser de ayuda, ya que no explica tanto como parece. Si realmente fuera un tema de voluntad, ya lo hubieras cambiado. Lo intentaste muchas veces: te propusiste usar menos el celular, borraste la app en época de exámenes o un fin de semana, activaste el modo blanco y negro. Y sin embargo, la conducta volvió.
Eso no significa que te falte carácter ni que haya algo mal en vos. Significa que la explicación está mal planteada.
Desde una mirada funcional, una conducta no se sostiene porque "te falte fuerza de voluntad". Se sostiene porque está cumpliendo algo. Y mientras seguimos buscando la solución en el lugar equivocado (más disciplina, más control), no miramos lo único que realmente explicaría por qué la conducta sigue ocurriendo: para qué la estás haciendo.
Qué función cumple seguir scrolleando
Toda conducta que se repite, se repite porque en algún momento funcionó. No por casualidad ni por debilidad: porque produjo algo. Alivió, calmó, llenó, distrajo. Y el cuerpo aprende eso mucho más rápido de lo que la razón puede explicarlo.
Volvamos a esas escenas de antes. Cada una tiene, probablemente, una función distinta.
Evitar algo que incomoda. Agarrar el celular en medio de una tarea difícil no es distracción sin sentido: es una forma (muy efectiva, en el momento) de no estar con la incomodidad de esa tarea. El scroll aparece como escape inmediato, y funciona, aunque sea por dos minutos.
Llenar un espacio vacío. El silencio en una fila, en un semáforo, en la sala de espera, puede resultar incómodo de sostener. Scrollear ocupa ese hueco antes de que el aburrimiento, o lo que sea que aparezca ahí, se haga sentir.
Buscar una señal de que existís para otros. Revisar quién vio tu story o comentó cumple una función de validación social. No es vanidad: es una necesidad humana genuina de conexión, que las redes prometen resolver rápido, aunque casi nunca lo logren del todo.
Sostener una sensación de control. Seguir mirando "por si me pierdo algo" tiene que ver con la incertidumbre de no saber qué está pasando. Estar al tanto da la ilusión de tener algo bajo control, aunque ese "algo" en realidad no dependa de vos.
Ninguna de estas funciones es un error. Son necesidades reales: descansar de lo difícil, tolerar el vacío, sentirte conectado, manejar la incertidumbre. El problema no es que el scroll cumpla una función. El problema es que, con el tiempo, podría volverse la única o una de las únicas herramientas disponibles para cumplirla.
Entender la función que cumple el scroll es el primer paso. Pero surge una pregunta obvia: si sabemos que después nos hace sentir peor, ¿por qué es tan difícil parar?...
Eso lo desarrollamos en la segunda parte de esta nota, junto con algunas preguntas concretas para empezar a modificar el patrón, sin depender de la idea errónea de la "fuerza de voluntad".
Link a la parte 2 ;) https://psiluciaoliva.com.ar/blog/articulo.php?post=fatiga-de-redes-sociales-por-que-cuesta-tanto-parar-y-que-hacer-al-respecto